TAN MIOPE...

Siempre quise su atención, hacía todo por obtenerla, sin embargo, mi claridad infantil me marcaba tan bien lo que era correcto y lo que estaba incorrecto, que no podía portarme mal para que me observara y me diera su atención. El resto de los chicos de mi edad lo hacían, yo no. En el fondo sentía que no me quería, por lo menos no como a los demás. Y es que no me lo decía, pero creo, casi estoy segura, que me lo demostraba con actos que yo no asimilaba bien por mi corta edad, pero ahí estaba.
Recuerdo cuando con mucho esfuerzo me compró unos lentes nuevos; los míos ya no servían, cada vez yo era más miope, y tal vez fue la miopía, la que no me permitió ver todo lo que hacía. Con los años esa sensación de vacío era más intensa. Parecía, realmente lo parecía, que jamás podríamos llevarnos bien. Mi carácter fuerte y rancio se enfrentaba a su carácter compasivo y a veces indiferente. Una lucha que no parecía acabarse, una discusión interminable y esa sensación de ausencia que ahí seguía. Ya no quería llamar su atención, sin embargo, en el fondo todavía dolía el no haberla tenido.
Y conforme pasó el tiempo y, fue dejando sobre mí, trozos de madurez, mis contactos no me dejaron ver, que nuevamente había acciones que intentaban gritarme cuánto me quería. Quizás era dinero, quizás eran objetos o tal vez sólo una llamada, sin embargo ahí estaba. Era su forma de demostrarme cuánto me quería, y entonces, comprendí que nunca me dijo que me quería, porque yo jamás se lo dije tampoco. Por eso lo hago hoy, antes de que mi miopía me deje ciega completamente y su edad la haga sorda.
Te Amo Mamá.

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