A mí me hubiera gustado tener una amiga como yo. O al menos tener a alguien que me escuchara como yo escucho a la gente, gente que ni esperaba que me llamara, que ni esperaba que me consultara cosas. Una amiga que me hubiera dicho se vale sentirse mal pero te sentirás mejor. Recuerdo pocas palabras de aliento en épocas feas. Mis amigos tendían a creerme Wonder Womar irrompible.
Recuerdo que la primera vez que me sentí realmente desecha, al que llamé, llena de dolor y envuelta en un tonto y melodramático llanto, desconocido para mí, fue al Gera, fue el único en consolarme.
Y Fede que me vio llorar, en vivo y a todo color.

Ojalá yo hubiera tenido una amiga como yo en aquella época, donde no era tan fuerte, donde llorar se me hacía terrible y guardarme las cosas era mi predilección.
Ojalá, pero ahora que lo pienso, me tuve a mí, a mí, y me detuve fuerte para no caerme, aunque haya estado de rodillas en el baño de mi casa o llorando en mi oficina sin entender por qué a mí. Me tuve a mi para sostenerme y me sostuve fuerte, de lo único que encontré, ...yo.

Era yo, ahora lo veo, yo estaba ahí, siempre lo estuve.
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