Doña Alicia tiene diabetes. Ella dice que es por culpa de los alcohólicos, que porque las mujeres que han vivido con uno, viven en una constante angustia que las vuelve diabéticas. Tiene 72 o 73 años, tiene como 12 años con la diabetes que la ha deteriorado mucho, hace un par de años que su cuerpo ya no responde igual y hace apenas dos, que la operaron de una catarata, cosa que la ha orillado a casi no salir de casa.

Se inyecta insulina todas las mañanas y justifica su glotonería con que no puede ni debe tomar sus medicamentos sin algo en el estómago. Ya casi no sale a la calle por aquello de que no ve. Siempre fue hogareña, pero desde que sus ojos ya no son los de antes, y a sus piernas, les cuesta cada día más moverse, se queda en casa a limpiar, tomar café, ver tele, dormir la siesta o comer galletas a escondidas. Ella dice que sí sale, sin embargo, sólo lo hace acompañada, al mandado, a visitar a alguna de sus hijas, su hermano, pero sola, sólo va al doctor.

Doña Alicia, o Lichis, como le dicen sus yernos, desde siempre ha tenido la manía de tirar agua por todos lados, al patio muy temprano, las paredes, lavar el baño después de bañarse a diario (ya echó a perder el mueble de madera que sostiene el lavabo, de tanta agua que echa), y a las plantas hasta ahogarlas. Todo a cubetazos. Nunca le gustaron las mangueras. Se levanta temprano y lo primero que hace es barrer, desayuna a eso de las 8 o las 9. Toma 3 o 4 cápsulas diarias de distintos colores entre cada comida, calienta el agua para su café en el microondas y se sienta en el comedor mientras su marido ve la tele.

Desayuna fuerte, a veces huevo, a veces carne, depende su antojo y lo que haya, nada ligero. Luego sigue limpiando, lava los pisos, los trastes, el patio y la ropa. Tenderla cada día le es más difícil. Pero no se queja.
Por las noches cena, como a eso de las 8 y treinta, y las 9 ve su novela; a las 10 se baña, lava el baño, se acuesta y se desvela mientras dormita y no duerme, viendo y no viendo la tele, hasta que la apaga y se quita los lentes. De madrugada se para al baño y mientras cambia su posición se alcanza a escuchar como se queja de dolores en el cuerpo, dolores que durante el día se guarda. Se sabe enferma y se niega a aceptarlo, aunque a veces lo utiliza para culpar a su marido de algo. No acepta que parte de su desgaste físico, se ha debido a su poco cuidado. A escondidas come cosas que no debe. Toma café y come galletas, en el almuerzo, la merienda y entrecomidas.

Doña Alicia es fría, siempre ha sido fría, es poco expresiva y a veces es un poco ruda. Eso explica porque sus hijas, algunas, son iguales. Doña Alicia está enferma sin embargo, no se queja. Siempre querrá alimentarte y siempre tendrá sábanas frescas en su cama para arroparte, de acuerdo a la estación del año en que vayas a visitarla. Siempre te recibirá gustosa y siempre se guardará una lágrima en la despedida.

Doña Alicia era muy guapa de joven, pero el destino le jugó rudo. Doña Alicia tiene mucho que contar aún a pesar de su edad.
Doña Alicia es mi abuela, y aunque es frágil, no se queja.
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