Un latte que llegó en el momento justo, en dos lugares que ya no existen.
Un cuaderno que escribió las frases exactas para desconocidos que durmieron juntos.
Un abrazo que se volvió adictivo para dos cuerpos nerviosos.
Uno quería amar, seguir sintiendo lo sentido y el otro, tenía miedo de amar, vivir lo ya vivido.
Un latte que llegó entre un perro y una rana, que ya no existen.
Un café y un cuaderno y una pluma, la unión entre dos desconocidos que se conocieron,
y después se dieron tiempo de perderse.

Volverse extraños.
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