Reciclemos Textos.
Reciclemos textos Erich, que si bien París se fue, los recuerdos siempre quedan.
Textito reciclado...
Pensar en esta huida silenciosa, de esta ciudad callada que me grita en cada avenida una frase vieja y me muestra una fotografía tomada de mi realidad urbana y soñadora, cuando todavía creía en la lealtad fiel. Esta huida silenciosa, porque nunca me permitió gritar cuántas cosas me molestaban, cuántas no soportaba, cuántas me asustaban y cuántas me dolían. Esta huida silenciosa que discreta hace las maletas para tenerlas listas en el momento en que deba correr. Y no importa cuál sea el destino, la termina de donde partiré es la misma, la ciudad i como diría él, mi tijuana de postal como diría yo. La ciudad de la lujuria, mi lujuria. La ciudad de cristal que me reflejó en ella y me rompió como eso, frágil cristal, ante ella, ante mí, ante nadie.
Viví de recuerdos mucho tiempo, el doble de lo que duró la realidad, esa realidad que a veces parece ficcionada. Un rompecabezas al que siempre le faltó una pieza, mi razón y no sé si siempre faltó o un día la perdí.
La causa más fuerte para irme es dejarla y abandonar esta vieja manía de extrañar. Esta rutina de recordar que ya no duele, ya ni risa da, sólo son flashazos de lo que parece que no existió.
Los motivos son todos estos recuerdos pintados con graffitti en cada pared de la ciudad y en cada pared de mi memoria. Quizás me daba miedo olvidar y me aferraba a los recuerdos. Debo dejar estas calles, estas voces que todavía me hablan que todavía me preguntan y me hacen callar. No sé si al huir silenciosamente seré otra Yvonne, una distinta a la que es aquí o seré esa que no ha podido ser y que por amar algo que ¿existió? Se ocultó dentro de sí y no fue como anhelaba ser. 2002-3
Tijuana... Tijuana.
* * * *
Reciclemos textos Erich, que si bien París se fue, los recuerdos siempre quedan.
Textito reciclado...
Pensar en esta huida silenciosa, de esta ciudad callada que me grita en cada avenida una frase vieja y me muestra una fotografía tomada de mi realidad urbana y soñadora, cuando todavía creía en la lealtad fiel. Esta huida silenciosa, porque nunca me permitió gritar cuántas cosas me molestaban, cuántas no soportaba, cuántas me asustaban y cuántas me dolían. Esta huida silenciosa que discreta hace las maletas para tenerlas listas en el momento en que deba correr. Y no importa cuál sea el destino, la termina de donde partiré es la misma, la ciudad i como diría él, mi tijuana de postal como diría yo. La ciudad de la lujuria, mi lujuria. La ciudad de cristal que me reflejó en ella y me rompió como eso, frágil cristal, ante ella, ante mí, ante nadie.
Viví de recuerdos mucho tiempo, el doble de lo que duró la realidad, esa realidad que a veces parece ficcionada. Un rompecabezas al que siempre le faltó una pieza, mi razón y no sé si siempre faltó o un día la perdí.
La causa más fuerte para irme es dejarla y abandonar esta vieja manía de extrañar. Esta rutina de recordar que ya no duele, ya ni risa da, sólo son flashazos de lo que parece que no existió.
Los motivos son todos estos recuerdos pintados con graffitti en cada pared de la ciudad y en cada pared de mi memoria. Quizás me daba miedo olvidar y me aferraba a los recuerdos. Debo dejar estas calles, estas voces que todavía me hablan que todavía me preguntan y me hacen callar. No sé si al huir silenciosamente seré otra Yvonne, una distinta a la que es aquí o seré esa que no ha podido ser y que por amar algo que ¿existió? Se ocultó dentro de sí y no fue como anhelaba ser. 2002-3
Tijuana... Tijuana.
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