Odio levantarme temprano. Lo odio. Odio que haga tipo frío con sol y que tus ojos sean abiertos a punta de sonidos (que a esas horas para mí son madrazos) y no por pura y gracia de la naturaleza que te hace abrirlos cuando cree que es suficiente dormir. En cambio, estamos obligados a abrir nuestros ojitos cuando el maldito despertador suena, en todas sus modalidades, alarma fuerte como chicharra de colegio, despertador en aumento, radio-reloj-despertador con musiquita, celular que vibra y suena o la tele en el canal de noticias. Lo que sea, da igual, te despierta a horas inhumanas.
Nunca me ha gustado levantarme temprano, nunca pero he tenido que hacerlo. Y es que siempre he padecido de insomnio, desde niña, siempre, no sé por qué causa y a estas alturas de la casi mitad de mis 20, no me importa. La cosa es que dormir no me cuesta trabajo, sino despertarme a mitad de la noche y sin poder volver a dormir, así hasta casí el amanecer cuando falta poco para que el maldito despertador suene.
Sí, así, tal cual, he estado pensando en comprarme unas pastillitas naturales para dormir, pero la cosa va a ser ¿y si me sigo de filo y no escucho el despertador? Eso no sería tanto problema porque por ahora no tengo trabajo (ni dinero), sin embargo eso de vivir en una casa que no es mia me obliga a despertar temprano mientras no sea fin de semana.
Debería haber una ley que nos hiciera trabajar de 10 a 5 o 4, digo yo, aprovechar tu día y nooo levantarte temprano, pero sí, son esas cosas utópicas que no más a mí se me ocurren. Y es que odio levantarme temprano, tanto o más que a las mujeres pendejas.
Exageré.
A esas las odio más.
* * * *

Comentarios

Entradas más populares de este blog