En su ciudad natal él era más joven, más ambicioso y más sencillo, aunque eso suene contradictorio. En la ciudad grande se convirtió dejó de envidiar, pero siguió igual de engreído.
En la ciudad chica él era más soñador, más niño y un poco más mío. En la ciudad grande era más real, más mortal y más fuerte. Se convirtió, cambió, como todo lo que cambia la ciudad grande.
Se transformó en algo que ya no era mío. En algo más real como espejismo.
La ciudad grande lo cambió aunque lleve a cuestas las raíces de la ciudad pequeña.
En ciudad chica él era más mío, en ciudad grande descubrí que nunca me perteneció.
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