La convicción de siempre se quedó atrás. Cambiamos como camaleones ante la luz. Nos volvimos guerreras de nuestra propia guerra inútil.
Descubrimos que las frases cursis de que la mujer es puro sentimiento son verdad, y preferimos tomar caminos que nos liberaran de nosotras mismas. Soltamos cadenas de seguridad total pasada, aferrada a una identidad que no era en sí, la que nos mantendría de pie.
A darle, tal piñata de posada decembrina.
A darle, al cuerpo, la mente y el corazón.
A darle.
Hay lecciones que duelen mucho.
Mucho.
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