Estamos ahora en San Cristobal de las Casas, ciudad que por sí sola posee un encanto especial, magia, esa es la palabra, y es que está tan cerca del cielo, las nubes pueden tocarse. Estamos arriba, muy arriba de las montañas, muy cerquita del cielo, de eso casi estoy segura.
Sin embargo, la bola de extranjeros y hippies mexicanos que están aquí no hacen tan maravillosa la ciudad. El pueblo está lleno de gente de San Juan Chamula y chiapanecos nativos de aquí u otros pueblos, pero esos extranjeros que vienen no sólo a conocer sino a querer salvar el mundo, digo, Chiapas, y esos hippies que vienen sólo a fumar y a creerse más por estar cerca de los indígenas y los hippies que visitan, la riegan.
Esta ciudad tiene magia, pero magia que le dan sus nativos, esos indígenas de ojos negros, de dialectos dulces. Wow, es cuando pienso que maravilloso es tener en tu sangre la historia de la tierra. Eso si lo envidio.
Lo único malo de San Cristóbal es su popularidad pseudo hippie. No, estando aquí disque interactuando con ellos y fumando marihuana no cambiará la realidad de esa gente. Su historia va por siglos y no lo entenderíamos.
Rifa, rifa esta ciudad, puedes tocar las nubes, la gente es amable, sus indígenas chamulas son amables y como no serlo si nacieron tan cerca del cielo.
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