Por mi padre sé todo lo que sé, y aunque digan que la inteligencia no se hereda, yo digo que en mis genesse fue parte de lo que es él. Sin embargo, es extraño, mi padre aunque era mi héroe misterioso cuando era niña, también posee y representa todas la cosas que no quiero ser.
Quisiera no tener la soledad que él tiene y sobretodo que jamás pase por mi vida la resignación que a sus cincuenta le ha llegado. No lo justifico, pero a veces lo entieno, no jugó con las cartas ganadoras y ni su inteligencia ni su sabiduría lograron sacarlo del maleficio ancestral de los Bagnis.
Mi padre es muy culto, no sé si antes, pero ahora es solitario, triste y su cultura se convierte en libros de cabecera y pláticas trascendentes conmigo.
¿Su error? Elegir, quizás, a la mujer equivocada, y no es que mi mamá haya sido una mala elección, sin embargo no era con quien mi padre podría compartir un libro, una ópera, un viaje por el mundo para descubirlo, no que no fuera una playa turística.
Mi madre es distinta, le gusta el esoterismo, viajar para descansar y conocer ciertas cosas que no son precisamente lo que mi papá deseaba. Para mi mamá la literatura no va más allá de la Biblia y Og Mandino. Mi padre en cambio prefiere a Julio Verne, Vicky Baum y los títulos de Agatha Christie. A mi padre le gusta el vino en una buena cena, probarlo saborearlo, adivinar su edad. Mi madre una cuba en un canta bar. Mi madre quería bailar mi padre ir al ballet. Mi madre la comedia teatral, mi padre la ópera.
Son demasiadas sus diferencias y tardaron demasiado, no en darse cuenta, creo que siempre las supieron, sino en aceptarlas, y saber, sobretodo él, que estabas destinados a la desdicha. Y en el camino fueron dejando sueños, ilusiones y sobretodo fueron dejando las ganas de seguir.
Ahora creo que envejecerán juntos, o al menos más unidos. Ahora se ven resignados a no ser lo que un día quisieron y jamás fueron. Y sobretodo a SER, por separado.
Por mi padre sé todo lo que sé. Soy como soy y también, sé todo lo que no debo ser, porque él tampoco quiso serlo, y eso también se lo aprendí.
Espero que aquí se termine la maldición Bagnis.
* * * *
Quisiera no tener la soledad que él tiene y sobretodo que jamás pase por mi vida la resignación que a sus cincuenta le ha llegado. No lo justifico, pero a veces lo entieno, no jugó con las cartas ganadoras y ni su inteligencia ni su sabiduría lograron sacarlo del maleficio ancestral de los Bagnis.
Mi padre es muy culto, no sé si antes, pero ahora es solitario, triste y su cultura se convierte en libros de cabecera y pláticas trascendentes conmigo.
¿Su error? Elegir, quizás, a la mujer equivocada, y no es que mi mamá haya sido una mala elección, sin embargo no era con quien mi padre podría compartir un libro, una ópera, un viaje por el mundo para descubirlo, no que no fuera una playa turística.
Mi madre es distinta, le gusta el esoterismo, viajar para descansar y conocer ciertas cosas que no son precisamente lo que mi papá deseaba. Para mi mamá la literatura no va más allá de la Biblia y Og Mandino. Mi padre en cambio prefiere a Julio Verne, Vicky Baum y los títulos de Agatha Christie. A mi padre le gusta el vino en una buena cena, probarlo saborearlo, adivinar su edad. Mi madre una cuba en un canta bar. Mi madre quería bailar mi padre ir al ballet. Mi madre la comedia teatral, mi padre la ópera.
Son demasiadas sus diferencias y tardaron demasiado, no en darse cuenta, creo que siempre las supieron, sino en aceptarlas, y saber, sobretodo él, que estabas destinados a la desdicha. Y en el camino fueron dejando sueños, ilusiones y sobretodo fueron dejando las ganas de seguir.
Ahora creo que envejecerán juntos, o al menos más unidos. Ahora se ven resignados a no ser lo que un día quisieron y jamás fueron. Y sobretodo a SER, por separado.
Por mi padre sé todo lo que sé. Soy como soy y también, sé todo lo que no debo ser, porque él tampoco quiso serlo, y eso también se lo aprendí.
Espero que aquí se termine la maldición Bagnis.
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