-¿Otro de cincuenta cincuenta?- pregunta el viejito a la cajera.
-Sí señor- le contesta la chica.
-Me están cobrando mucho- alega el viejito.
-No, señor, son 32 pesos de agua, lo mínimo, los 50 son de lo que debe.- le explica la cajera.
-¿Cuántos de estos faltan?- continúa preguntando - de cincuenta cincuenta.
- 5 más señor-
-Mayo, abril, ah, no, no, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre. ¿En octubre verdad?- Le repite a la muchacha mientras cuenta con los dedos.
- Sí- responde ella.
En eso, las doñitas de enfrente de mí comienzan a alegar que el señor debería de pasar con el policía, que él podría explicarle todo eso y que deje de estorbar en la caja. Sí, yo sé que estamos haciendo fila y sólo hay dos cajas, pero qué les cuesta esperarse a que el señor resuelva todas sus dudas. Esta viejito, de cabello completamente blanco, la espalda encorvada y con huaraches. Es amable y sólo quiere saber, además él viene a pagar su adeudo, aún cuando se nota que no es de muchos recursos; cuántos empresarios con un chorro de dinero no pagan el agua y no les importa y nadie dice nada.
-Señoras- pienso yo- no se quejen que un día serán igual de viejitas, preguntonas y en huaraches y alguien en la fila reclamará que se apuren que estorban.
Es más, en todos esos lugares, así como en los camiones, debería haber filas para las personas de la 3ra. edad, los restaurantes, los pagos, los supermercados, yo que sé, de por sí ya esta jodida su realidad.
Bien dicen que lo único peor que ser pobre en México, es ser pobre y viejo.
* * * *

Comentarios

Entradas más populares de este blog