Recuerdo que prendí la televisión, estaba sola en mi casa y me había quedado dormida, por lo que mi mamá me dejó ahí para recoger a mis hermanas que estaban en el cine. Recuerdo que cuando la prendí lo primero que apareció fue una conductora de noticias, no sé si era Lolita Ayala pero ahí estaba, anunciando el comienzo de la guerra del Golfo. Recuerdo que me asusté y hasta lo puse en mi diario. Me asustó ver imágenes de bombas y pensar en niños que como yo, no sólo no verían caricaturas, sino que tal vez, no verían nada nunca más, ni siquiera a su madre. Me asustó esa interrupción en la programación de la tele, porque la única interrupción de la tele que yo recordaba era la del temblor del '85, y recordarlo tampoco es grato.
No recuerdo cómo me sentí después con la guerra, sólo recuerdo que las maestras nos pusieron a rezar una mañana entera con toda la fé posible para que se lograra la paz. Mi escuela no era católica pero se necesitaba fé, mucha. Después olvidé la guerra, yo creo, y hoy volví a sentir esa sensación de miedo e impotencia. Mientras veía las noticias en la mañana las frases de Lalo Salazar de televisa me brincaban en la cabeza como frijoles saltarines, él decía que los gente irakí era buena, que las personas trataban bien a los extranjeros y que decían, defenderían a su pueblo, pero después del ataque solamente querían defender a su familia. Y mientras yo pienso que el cabrón de Bush sólo quiere su petróleo.
No imagino a mis niños del cinito y los cursos de verano viviendo entre guerras, bombas y armas y secuelas de guerras que no entenderían porque no tiene lógica.
No puedo hacer nada o al menos no mucho. Mientras alguien más decide el rumbo del mundo, yo tengo que seguir organizando la Feria del Libro Rosarito, festivales, conciertos y extrañando como loca a alguien que está lejos. Preparándome para graduaciones de mañana y mientras, alguien más tan sólo pide amanecer mañana.
Hombres, el peor invento de la naturaleza.
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