A mí me hubiera gustado (y aún me gustaría) conocer a la comandanta Ramona. Y no porque sea zapatista, o yo sea feminista, sino porque es una mujer fuerte, de las que hay pocas, y porque tal vez en ella podría sentirme un poco más indígena. Porque la verdad, al menos yo sí sé que tengo más de extranjera que de mestiza, ya ni siquiera de indio.
Por parte de mi madre, por allá muy lejos venían de italianos y lo más criollo que tenemos es una embarrada de mi tía tatatatarabuela, Doña Josefa Ortiz de Domínguez.
La familia de mi abuela paterna eran españoles e italianos, de hecho unos piratas que encontraron una isla en la Baja Sur y mi abuelo paterno era francés. Por eso sé que aunque quisiera sentir que soy un poco india, sólo eso soy, un poco.
Por eso me gustaría conocer a la comandanta Ramona, porque es comandantA, es mujer y es mujer indígena. Y no es que yo sea nacionalista, no, yo no fui Marcos como Todos somos Marcos, pero soy mexicana, y siempre me gustó serlo, pero yo no fui Marcos.
Y la verdad es que desde que vivo en la frontera me siento menos indígena de lo que me sentí siempre. Y no, no es que me moleste de hecho no puedo imaginar hacer mis compras en otro lado que no sea San Diego, sin embargo siempre me han gustado los listones en el cabello, las faldas y blusas de manta, pero con mi color y en Tijuana me vería como extranjera aparentando orgullo indígena.
Sí, me gustaría conocer a la comandanta Ramona y hablar de su historia y de la mía, de la que ella vive y la que a mí me enseñaron en la escuela. Tal vez en ella me pueda encontrar un poco más indígena, porque en esta Tijuana no logro hacerlo ni poquito. Y no la culpo, no, esta Tijuana que diariamente se arregla su cabello con listones, porque aunque lo niegue, ella es india. Esta Tijuana que a diario se arregla sus chapitas y se recoge las enaguas para verse más bonita. Y está enamorada, tiene un amor platónico que se llama Diego, pero que no habla su idioma, se viste mejor que ella y tiene más dinero. Y esta pobre Tijuana que se levanta cada mañana queriendo conquistarlo y a veces imita el vestir de Diego, pero ah! San Diego, ni la mira. Y nosotros, ensuciamos sus chapitas con lodo, le jalamos los listones y le cortamos su cabello; por eso a veces llora, y cuando llora Tijuana se desmorona. Y Diego, Santo Diego, ni la mira. A veces le echa un lazo pero casi nunca la mira y Tijuana, a diario se arregla el cabello y sus chapitas y aprende inglés para entenderlo, pero se olida, que aunque sea su vecina ella es india y los ¿arios? No se fijan en las indias.
Por eso me gustaría conocer a la comandanta Ramona, porque no sólo es zapatista, es mexicana 100%, lleva dentro la historia completa de este suelo en su mapa genético. Por que es un poco Marcos y es Ramona, porque es indígena y de seguro hasta habla francés, porque lucha y pelea por la tierra y en ella, en la comandanta, de seguro los listones del cabello si se ven bien.
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