A veces dan ganas de que alguien me levante y me lleve tan lejos al fin del mundo donde no hay colores ni razas, ni lenguajes, sólo gente interesante, lugares que conocer, donde sea anónima y no importe nada más que el charlar tranquilamente. Un lugar donde no existan religiones ni ideologías, sólo comidas y buenos momentos. Pero eso es una utopía, un lugar que no existe, que no existe ya ni en mis sueños.
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