Recibí el año escuchando a Pennywise y un par de brazos rodeando mi espalda mientras yo bailaba. Los beats por todas partes. Cientos de personas coreaban y se aventaban, yo sólo cerré los ojos y canté.
No salí corriendo con un par de maletas como cada año pero recibí el año viajando. El 1ro. de enero me trepé a un avión pequeño de tarifa económica y salí huyendo de Tijuana.
He recibido el año durmiendo, y cualquiera diría -por mi forma de dormir- que estoy deprimida, sin embargo no es así, es que aquí puedo dormir, aquí son como eternas vacaciones, no tengo que pensar en quehacer, en trabajo, en tareas, puedo dormir, levantarme y ver tele y arreglarme con todas mis calmas. La cama huele a vanidad viril, a dos cuerpos sudados, las sábanas son de franela y mis pies no se enfrían. No hay ruidos que me perturben, sólo los de los pericos de abajo, pero con el tiempo los ignoro. El limonero de afuera me lanza aromas agridulces. Todo está a la mano.
Quisiera que no llegara jamás el 12 de enero, pero sé que a alguien más le urge que ya sea 24.
* * * *

Comentarios

Entradas más populares de este blog