Hoy o bueno, ayer sábado, porque ya es dominguito, fui a desayunar con mis amigas las chicuelas. La espadaña atascada, cambio de planes al mismo lugar, el Sangron's. Huevos para todas menos Liza, ella chilaquiles. Después de discutir mi futura vida de amasiato, paseamos por Plaza Río mientras me comía una rica paleta de nuez con chocolate y chispitas de chocolate blanco, y hablamos y hablamos y hablamos del antes, el después y el ahora... Planes de vacaciones, graduaciones, vacaciones, trabajo, vacaciones. Ningún destino en particular y todo el planeta al mismo tiempo.
Pero siempre lo mismo, no podemos decidirnos en nada en particular, nunca, planeamos y no llegamos a nada.
Siempre tan juntas y siempre tan dispersas. Mis amiguitas que quiero tanto.
Cuando era niña tenía muy buenas amigas niñas pero me llevaba muy bien con los niños y sobretodo los años de secundaria y los primeros de la prepa, en secundaria tenía a mi gran e inolvidable amiga Brenda, pero terminaba llevándome mejor con los de la otra especie.
Ahora no, me doy cuenta que tengo muy buenas amigas. Ellas son especiales, extrañas, peculiares, distintas a mí en todos los sentidos pero, de pronto, mucho de lo que soy son ellas y ellas yo... complicado, rollos filosóficos de la existencia que no quiero comprender.
No están muy seguras con las decisiones que últimamente tomo, pero sino hiciera lo que deseo hacer cómo podré saber despué que eso era lo que deseaba.
Ya dejé ir una vez lo que sentía, si lo dejo ir otra vez no me lo perdonaré.
Ellas podrán visitarme cuando quieran.
Desde lejos siempre pensaré en ellas.
Estoy haciendo mi equipaje.
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