El paisaje urbano de hoy. Mejor dicho cotidiano en edificios de infonavit.

Su oficina es una casa. Él habla como si trajera un micrófono por dentro, grita, quizás esté un poco sordo. Su oficina no es muy grande. Un librero grande lleno de enciclopedias de derecho. Libros viejos. Actas sobre una silla y dos libres para nosotros. Muchos búhos, han de gustarle, tiene muchos, de madera, cerámica, papel... En la pared un par de reconocimientos. La única ventana da al patio de varios edificios más de un conjunto de infonavit viejo y sucio. Habla y grita mucho. Su cabello lacio peinado de lado. Panza chelera y lentes antiguos. En su escritorio dos teléfonos negros. Búhos por aquí, por allá. Tres hijos, dos niñas y un barón. Secretaria joven que se nota no tiene mucha escuela. Pero sé que mientras yo aburrida observaba su oficina mi jefa sentada en la silla contigua espera una respuesta rápida a su demanda y que mientras yo me acomodo en una silla ella acomoda su paciencia para no llorar.
Esto de las demandas civiles parece desgastante.
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