lunes, febrero 07, 2005

Hoy veía un programa en el que a alguien debía ir a despedirse de alguien que había muerto. Y no podía hacerlo, no lograba completar esa parte del adiós. Y eso me pasó a mí. Tarde casi un año después de saber dónde estabas para ir a ver donde guardaban tus restos. No podía hacerlo. Tenía miedo, es la verdad, y cuando al fin lo hice, mi propio llanto hacía que sintiera que me ahogaba; pero no, no era porque sintiera infinita tristeza, aunque en parte así lo fuera, mi llanto era interminable porque no podía dejar de sentirme culpable.

Algunos dicen que yo no hubiera podido hacer nada, pero ... la culpabilidad que sentía me ahogaba, si yo no te hubiera dejado solo. Si hubiera permanecido un poco más contigo, ahora estarías vivo y ella no estaría sola. Sin embargo, creo que las cosas fueron como debían ser. Porque tal vez, si estuvieras vivo, aún, tendríamos caminos diferentes, y tal vez debías morir para que ella tomara el lugar que le correspondía. Tal vez.

Lo cierto, es que ya desde antes no éramos los mismos. Si estuvieras vivo ya no te encontraría patinando en las calles de Tijuana, ni iríamos en busca de un pari por toda la zona norte buscando a Erick o a Shaggy. No. Ya no somos los mismos, con o sin tí, ya no éramos los mismos. Y es que nuestro mundo cambió antes de la partida.
Ahora podría decirte que hace mucho no veo al Shaggy, que Panchito vende collares y hace artesanía que aprendió en Tepic. Que Isaac anda en drogas y tiene un niño... que el Titito ya con trabajo piensa y que... hemos cambiado tanto. Que ya no los veo. Que ya no vivo en la misma ciudad y que te extraño, absurdamente, porque ya desde antes, no éramos más que recuerdo de los amigos que fuimos.

¿Pero cómo se dice adiós? Todavía no lo logro, sigo escribiendo de ti y sigo imaginando que quizás es un error y pueda encontrarte un día. Pero estás muerto. Innerte. Olvidado en una cajita guardada y disque cuidada por mensajeros de Dios.
Y yo, sigo recordando lo difícil que es decirte adiós, y lo larga que ha sido esta despedida a casi 5 años de tu muerte. Y es que bien dicen no, es tan corto el adiós y tan largo el olvido.

Y si me tardé en ir a verte, no era por no querer hacerlo, era porque tenía miedo, miedo de aceptar no volver a verte, aunque ya no te veía, miedo, miedo, de decirte adiós para siempre.

So long....
* * * *

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