jueves, enero 13, 2005

Quien me conoce sabe lo patriótica que soy, pero ahora estoy contenta porque en el fondo los mexicanos somos cálidos. Hace unos días salió un buque americano con 20 toneladas de ayuda por parte de los mexicanos rumbo a Asia y África, y además o zarparon o van a hacerlo otros 3 buques mexicanos con más ayuda. Y no es que los mexicanos no necesitemos esa ayuda que se van, sino que los solidarizamos con lo que pasa en el mundo, que al final, todos habitamos.
Además creo que lo debemos, que estaremos en deuda infinita después de 1985. Lo creo porque lo vi, porque si no ha sido por la ayuda de voluntarios, mexicanos y extranjeros, mi ciudad no se hubiera levantado nunca.

No diré mentiras y diré que recuerdo todo perfectamente pero sí recuerdo que la ciudad dejó de ser la misma. Se nos había hecho tarde ese 19 de septiembre, yo seguía dormida. Mis hermanas y yo dormíamos en la misma habitación. Teníamos de esas camas que sale una debajo de la otra. Pero la primera, la que no tenía rueditas la rompimos, no sé cómo, así que bajábamos el colchón de Ericka al suelo y entonces, yo dormía en medio en vez de al final. No recuerdo que fue lo que me despertó, si los gritos de mi mamá o el movimiento de la cama, la mía era de rueditas, lo que recuerdo despertarme y ver y sentir como se movía la tierra, como se movía el suelo, mi cama y todo alrededor. No poder ponerme de pie porque la cama no dejaba de moverse y mi mamá gritándome que intentara bajarme y llegar hasta ella que abrazaba a mis hermanas y se detenía del mueble de la máquina de coser. Ese mueble era taaaan pesado, la máquina de coser era de esas viejas y pesaba muchísimo y ahora se movía con la facilidad que solía salir mi cama debajo de la de Karla. No sé cómo me baje, pero mi mamá se estiró tanto que logró de un tirón, abrazarme a ella y mis hermanas y detenernos con la máquina. Creo que fue la primera vez que vi a mi mamá tan grande.

Mientras tanto mi papá se sostenía de la mesa del comedor y detenía la vitrina y más allá de las cosas de valor que ésta pudiera tener era que si se caía volaría mil pedazos de cristal por toda la casa y contra nosotros. No sé cuánto duró a mi me parecieron días enteros, parecía que la tierra no se iba a detener nunca. Cuando al fin pasó, mis papás no sabían qué decir. mi papá como pudo acomodó la vitrina, mi mamá nos arregló para llevarnos a la escuela y mi papá se fue a ver a los vecinos de arriba, era una chica y su papá era invàlido, eran casas duplex.
En la escuela le dijo la Miss Marce a mi mamá que casi nadie estaba dejando a sus hijos en el colegio, nadie sabía que había pasado. Al volver a la casa se fue la luz. No había agua y el teléfono estaba más que muerto. Nadie sabía que del otro lado de la ciudad ya se respiraba a muerte. La única comunicación que tuvimos fue un radio de pilas del vecino de arriba. Las pocas estaciones con vida, si quedaba alguna, narraba la destrucción de la ciudad más hermosa que conozco. Mi papá estaba que se lo cargaba pifas con todos sus hermanos. No sé cómo pero al fin nos enteramos que mi familia estaba bien, el trabajo de mi papá no, pero él estaba vivo. La agencia no. Algunos conocidos y gente cercana a mi papá sí perdió familiares y casas, algunos en la escuela también, nosotros por fortuna no. Días después, recuerdo estar en la orilla de la cama con mi papá viendo las caricaturas cuando se sintió una réplica, mi papá solía la mover la pierna mientras veía la tele, volteé a verlo esperando que fuera eso, pero no, los dos salimos corriendo y junto con nosotros el resto de la unidad, todos en el estacionamiento, sin pronunciar palabra, esperando quizás lo inevitable, pero no paso nada.

A partir de ahí, los simulacros en la escuela por un sismo eran mensuales, las maestras y alumnos de sexto hacían barricadas, nos regañaban por tardarnos más de lo debido. En la escuela de Karla debían arrojarse por un tubo de esos de bomberos. Alguna vez tembló en la escuela mientras estaba en clases, pero nada, nada similar a la ciudad.
Recuerdo que no paseamos mucho durante esos meses por la ciudad, pasaban los días, las semanas y más cadáveres, mas muerte y más desolada se veía la ciudad derrumbada. Fueron años para que volviera a levantarse. Pero hubo mucha gente que trajo su cuerpo, su alma para ayudar, hasta el perro, mucha ayuda que se quedo en manos de otros, que se robaron, pero lo cierto es que lo importante fue la ayuda voluntaria, los hombres y mujeres que se quedaron a levantar piedras, y recoger los restos de mi ciudad.
Somos frágiles y efímeros, hace mucho le tocó a México, al Df, luego vino el Huracán Gilberto, la explosión en gdl, y siempre hubo ayuda, es tiempo de pagar la deuda. Porque para mí, después de 1985, México, siempre estará en deuda, sin la ayuda, la ciudad seguiría en ruinas como el temblor la dejó.

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